Hoy tengo ganas de hablar de una amiga muy especial. De hecho, pienso inaugurar la sección de amigas (porque, aunque ya conocéis a Trinity del post de Alegría, no me he puesto a hablar aún de ellas por separado) hablando de Beck.

La conozco desde que tenía ocho años. Llegó nueva al colegio y revolucionó mi pequeño mundo, que ya nunca volvió a ser como antes. Es guapa, guapísima. Tiene el pelo negro y ondulado, unos ojos de un verde transparente casi irreal, la piel blanca, la sonrisa pícara... Y como sé que ella lo va a leer no describiré más. Je.

Es coqueta, extrovertida, de una alegría escandalosa y volandera que pone todo patas arriba con una carcajada, cariñosa, detallista...

Beck es la amiga perfecta para quedar a marujear una tarde en una cafetería decadente, o para jugar a los dardos en un bar. Cuando va por la calle la conoce todo el mundo, en las tiendas y en los bares la llaman por su nombre, saluda tanto a viejecillos con bastón como a mujeres con carritos o a niños con piruletas. Y a todos les pregunta por su historia: el esguince de un hermano, la nota de un examen, la ruptura con un novio, la gotera en el salón, la salud de un gato...

Lleva en el bolso los típicos chrimbolos útiles que nadie más tiene: una especie de gancho raro para colgar el bolso de la mesa, un tarro gigante de chicles, una libretilla, vaselina... Todo lo que siempre necesitamos y nunca nos acordamos de llevar.

Jamás llega tarde a una cita. De hecho, su frase estrella es: "NUNCA LLEGARÁ NADIE ANTES QUE YO". Y aunque sepa que sus amigas somos unas impuntuales descerebradas, ella sigue llegando pronto porque no puede evitarlo.

Podría estar horas hablando de ella, y eso que aún no he empezado a decir lo que la quiero y lo que ha significado en mi vida. Nos hemos peleado (a veces a tortas) muchas veces, y nos hemos reconciliado otras tantas o más. Y me ha enseñado tantas cosas...

Beck me ha enseñado que las cosas hay que decirlas a la cara y con las palabras adecuadas, llamando a todo por su nombre. Me ha ayudado a superar la timidez que me impedía dar abrazos o decir "te quiero" a mis amigas. Me ha servido de paño de lágrimas y ha llorado sobre mi hombro. Ha estado presente en mis amores y desamores, en mis triunfos y frustraciones, y siempre ha confiado en mí y ha pensado que valgo mucho... Más de lo que en realidad valgo, sospecho. Aunque vete a decirle eso a ella, porque defiende a sus amigas hasta de sí mismas.

Y cuando me da mi vena de aislarme del mundo y encerrarme en mis problemas, Beck se da cuenta y me llama y me dice "Bueno, tú, ¿qué? ¿tengo que estar yo siempre llamando? ¡ésta es la última vez, que lo sepas!". Pero nunca es la última. Porque es de esas amigas que se olvidan al momento de que te han dicho que ésta es la última vez que te echan una mano.

Otro día contaré alguna de nuestras aventuras. Pero hoy sólo quería decir esto:

¡¡TE QUIERO MUCHO, BECK!! ¡¡GRACIAS POR TODO!!