Publicidad:
La Coctelera

Istra

27 Mayo 2008

Sigue nadando

.
Dedico este post a Arisea y a todas mis lectoras, las que han sido capaces de soltarse de la mano del pasado, las que no han podido aún, y las que no han necesitado hacerlo.
Y a mi primer amor, que me enseñó a flotar y a hundirme.

La magia del primer amor consiste en nuestra ignorancia de que pueda tener fin.
Benjamin Disraeli (1766-1848) Estadista ingles.

Creo que cuando tropiezas con el amor por primera vez (el de verdad, el que te deja sin respiración) es cuando empiezas a hacerte mayor. Y cada vez que te lo encuentras después, cambias sin darte cuenta y te haces otra persona diferente, entretejida con las hebras de la otra.

El primer amor no se olvida jamás, como no se olvidan nunca los primeros zapatos de tacón, el primer día de Universidad, la primera vez que saliste por la noche o tu primer pintalabios. Es algo que se vive con aturdimiento, pasión y asombro, con la intensidad y la inconsciencia de quien no piensa en mañana porque no puede imaginar que el hoy no vaya a durar siempre.

El primer amor, cuando ha pasado, deja una cicatriz que no se borra nunca. Algunas son estéticas, casi tatuajes. Otras son desgarradas y la piel se queda insensible. Otras no curan nunca. La mayoría son como la mía, heridas viejas y familiares que duelen cuando va a llover y pican avisando del peligro cuando ven que vas a repetir el mismo error.

A tu primer amor le quieres para siempre. La historia continúa durante toda la vida. A veces, cuando psa el tiempo, te cruzas con él y le ves: otra pareja, otro trabajo, algunos kilos de más, algunos pelos de menos... Y te preguntas qué habría pasado si la que va a su lado fueras tú, si los caminos no se hubieran separado, si hubieras seguido con él para siempre. Y en el cruce de miradas ves también su cicatriz y la complicidad de los compañeros de armas que saben sin decírselo las imágenes que pasan por delante de sus ojos al oír nombrar al otro. El primer amor es con frecuencia quien te marca la forma de querer y confiar en los demás, quien determina si vas a seguir andando con el corazón en la mano o si lo vas a esconder bajo el hielo para que nadie más lo pisotee.

El amor te pilla con la guardia baja. Es como la primera vez que intentas andar en bici, patinar sobre hielo o nadar sin flotador. ¡Parece tan fácil, tan seguro! ¡Quienes lo hacen parecen tan confiados, como si no les costara esfuerzo! Y entonces lo intentas.

Cuando tenía tres o cuatro años, fui de vacaciones a un hotel precioso con mis padres, mis abuelos y una de mis hermanas. Por las mañanas bajábamos a la playa y mis padres se metían con nosotras en el mar y jugábamos con las olas. Por las tardes, en cambio, nos bañábamos en la piscina del hotel y mis padres leían tumbados en sus toallas. Mi hermana y yo llevábamos manguitos porque no sabíamos nadar. Los míos eran naranjas. Los de mi hermana, amarillos.

Una tarde, una niña un poco mayor que yo pasó nadando sin manguitos por mi lado.

_¿Por qué llevas manguitos como una niña pequeña? _me preguntó.

Debo decir que siempre he sido grande, por lo que los demás niños solían pensar que era mayor de lo que era.

_Porque si no, me ahogaría _contesté.

_¿Cómo te vas a ahogar? Mírame a mí, yo no llevo manguitos y no me ahogo.

_¡Es verdad! ¿Yo lo puedo hacer también?

_¡Pues claro! Yo te ayudo.

Me quité uno y tragué un poco de agua. No las tenía todas conmigo. A ver si aquella niña no me iba a estar diciendo la verdad... Pero desde aquella perspectiva miré a mi alrededor y me di cuenta de repente de que nadie llevaba manguitos en la piscina, sólo los bebés y mi hermana pequeña, que se acercaba moviendo las piernecitas muy deprisa con cara preocupada.

_¡Venga, quítate el otro! ¿O es que tienes miedo?

¡Ah, no, eso sí que no!.

Me hundí. El socorrista me sacó en el mismo momento. Y mi padre me dio la azotaina de mi vida. Por tonta.

Aun así, al año siguiente, en invierno, volví a caerme a la piscina. Mi abuelo me sacó.

Diez años después volví a estar a punto de morir ahogada. Mi pelo se enganchó con la parte baja de la escalera de la piscina y no podía salir. Y ahí sí que tuve que salir yo sola, porque nadie me veía.

El amor es como el agua. No importa las veces que hayas estado a punto de ahogarte, la experiencia no te sirve de nada. Parece que flotamos en su interior, nos liberamos de nuestro lastre y podemos imaginarnos que somos ninfas etéreas en vez de adolescentes con michelines o cuarentonas con celulitis. Pero el peligro está siempre ahí. Y a la hora de la verdad, y más a estas alturas, solemos estar solas.

Siempre puede aparecer alguien que te tiende una mano o que se tira al agua para sacarte. Pero eso sólo marca el final de la anterior historia. Nunca sabes qué papel jugarás en la siguiente, si el de Ofelia que se deja sumergir lentamente rodeada de flores, o el de agua que acabará ahogando al pobre incauto que te salvó.

A pesar de mis desastrosas experiencias con el agua, jamás le cogí miedo. Sigo nadando en el mar o en la piscina y me siento en mi elemento, aunque me imponga respeto. Puede en mí más la sensación deliciosa de liberarme de mi cuerpo, de flotar y bucear hasta tocar el fondo. Sé que el agua no me dejará caer, aunque a la vez soy consciente de que si me sumerjo demasiado acabará asfixiándome.

En cambio, ha bastado una sola vez para hacer que mire el amor con desconfianza. Tengo miedo de sumergirme en él por si me quedo enredada en el fondo y no puedo salir, tengo miedo a flotar por si el agua sigue corriendo por debajo de mí y se marcha, tengo miedo a no sentir el peso de mi cuerpo y las aristas de las piedras en mis pies, me da vértigo, me envaro, me hundo... Y recuerdo aquel primer amor con nostalgia porque, a pesar de sus defectos, lo conocía y sabía cómo navegar en sus corrientes. Y tengo miedo de no abandonar nunca esa nostalgia.

Aun así sigo adelante. Hacia atrás ya sé a dónde voy. Prefiero seguir mi camino, a ver si siguiendo este río acabo por descubrir el mar.

Convaleciente del primer amor, con una aleta más pequeña que la otra como el pequeño Nemo, sigo nadando.

Siempre me queda el consuelo de la siguiente frase de Antoine de Sant-Exupéry, que a mí siempre me ha parecido un papanatas, pero que con eso de ser famoso se debió de exprimir el coco y sacó alguna sentencia que no estaba mal:

Al primer amor se le quiere más,

a los demás se les quiere mejor

servido por istra 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

curarme-de-ti

curarme-de-ti dijo

De nada sirve haberse hundido mil veces en el agua, saber por dónde van los tiros, estar seguro de naufragar de nuevo, porque uno siempre vuelve a caer en las mismas redes y el amor nos atrapa. Aunque yo sea de las que no ha sido capaz de dejar atrás mis nostalgias de ese primer amor donde antes nadaba con toda la calma de mis pocos años y mi poca experiencia.
Y qué voy a decir yo de Saint-Exupéry, creo que es obvio que a mí sí me gusta, al menos una parte (pero no conocía esa frase) ;0
Sólo deseo que encuentres el mar que estás buscando. 1 Besiño

P.D.: Ya empiezo a parecerme a mí misma pesada comentado siempre en tus post, pero es que no puedo evitarlo... me gustan ;)

27 Mayo 2008 | 02:30 PM

istra

istra dijo

Curarme-de-ti: pareces boba! últimamente mis posts no me parecen completos si no encuentro tu comentario... Te mereces un post propio. O quizá una colaboración. Las puertas de mi espacio están abiertas para tus sugerencias cuando quieras.

Me alegro de verte aterrizar por estos lares.

Mariposillas!

28 Mayo 2008 | 01:27 AM

sherezadee

sherezadee dijo

Curiosa comparación, el miedo al amor y el miedo al agua... Yo les temo a los dos desde siempre, pero a la vez necesito, como todo el mundo, ambos elementos. Me gustó mucho tu artículo, y gracias, pues me doy por aludida con la dedicatoria yo también (porque sí :P).

Un abrazo :)

28 Mayo 2008 | 02:09 AM

curarme-de-ti

curarme-de-ti dijo

Me encantaría eso de la colaboración, Istra, podemos pensarlo porque podría ser algo muy agradable y divertido... A mí me alegra aterrizar en tus palabras, qué quieres, ya te dije que me tienes enganchada a tus venturas y desventuras ;) Pero me encanta saber que no molesto... 1 Besiño

28 Mayo 2008 | 02:34 PM

Arisea

Arisea dijo

Hola de nuevo Istra, hacía tiempo que no pasaba por aquí y acabo de ver esto...
Muy cierto, me ha encantado la cita final. Supongo que después de un batacazo de campeonato es imposible volver a entregarse igual... pero no por ello tiene que ser peor.

Un beso y gracias por la dedicatoria ;)

17 Junio 2008 | 10:34 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Fotos

istra todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Categorías

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera