
Desde que soy consciente de que no te tengo junto a mí,
mis días tienen un color un poco más azul
y la caricia del aire me hace estremecerme.
Desde que no te tengo junto a mí
mi ciudad se ha llenado de recuerdos pequeños
que me hacen guiños desde los escaparates.
Está el paso de cebra que crucé corriendo
porque no podía esperar a que estuviera en verde para llegar a tu lado.
Están las calles donde paseamos,
la puerta de tu hotel,
las baldosas que hicieron tropezar a mis tacones,
el nombre de los sitios que planeamos visitar,
el triple diecinueve de la ruleta de dardos.
Algunas noches la almohada no parece suficiente compañía
y lo que llevo puesto me parece artificial.
¡Es tan absurdo que haya calles en la noche,
y farolas y fuentes,
si no puedo mostrártelos paseando de la mano!
Desde que no te tengo
me siento muy afortunada
porque sé que te he tenido.
Y aunque te echo de menos
es una mezcla de agrio y dulce
que no recuerda en nada a los sabores de hospital
asépticos, seguros, rutinarios
que llenaban mi vida hasta que llegaste tú.

precioso...
te voy a dejar unos abrazos y 1 un beso. Te leo!
Gracias por esta preciosa lectura que me hizo viajar.
Cuántos recuerdos puede guardar una ciudad? Al menos todas esas ausencias merecen la pena por haber cambiado el sabor en tu vida. Y algún día serán de nuevo presencias en las calles de tu ciudad (o de la suya, quién sabe...). 1 Besiño enorme