Entonces era muda mientras tú derramabas palabras sobre mi piel de hielo.

Entonces no había forma de que tu calor me deshelara el alma.

Y ahora mírame, hablando sin parar, llenando el tiempo

de pequeñas frases tontas que lo hacen habitable

mientras espero.

Me siento blanca como blanca es mi piel, sin arañazos

encerrada en una urna, sin vida ni aventura.

Tanto me quejaba y tanto quise

que el silencio se llevara tus poemas vacilantes.

Y ahora

tú eres poeta y yo

yo no soy nada.

Soy sólo el libro en blanco de un poeta del silencio

y me pregunto en qué momento

fallaron mis deseos.

Tengo un nudo en mitad de la garganta

pero no derecho para hablar de lo que añoro.

Que me hable, por Dios. Y que me bese.

Y que manche mi piel y mi memoria

con garabatos, notas y claves musicales.

Que me impida pensar mientras me agoto

mientras fluyo en su vida y en el mundo

y me hago mar, canción, pasión prohibida...

Mientras me lleno de mensaje y de memoria.